Ser un consumidor inteligente

Ser un consumidor inteligente no sólo implica buscar siempre los precios más bajos, más bien se trata de tener una noción clara de la relación calidad-servicio-precio, pues al final del día, no tiene caso comprar el artículo con el precio más bajo del mercado cuando éste se romperá apenas trates de usarlo. Ser un consumidor inteligente también implica una responsabilidad social y con la naturaleza.

 

Algunos consejos para un consumo inteligente

  1. Comprar solo lo que se necesita- Cuando compramos más de lo que necesitamos, desperdiciamos recursos.
  2. Mirar el etiquetado- Todo lo que consumimos implica un efecto sobre el medio ambiente, y es nuestra responsabilidad hacerlo de manera sostenible. Para ello, consumir productos siempre que se pueda cercanos a nuestro lugar de residencia, o dentro de nuestro país. Así sabemos que el transporte y otras características han sido menos influyentes en el medio ambiente.  
  3. Cada producto, en su momento- Para conseguir que frutas, verduras u hortalizas que no son de temporada estén en el supermercado, se necesitan formas de producción menos naturales y que incluyen un impacto medioambiental (como pueden ser los invernaderos) o el uso de fertilizantes u otros productos químicos. Evita comprar productos de fuera de temporada, ya que además serán más caros por sus  necesidades especiales en la producción.  
  4. Evitar la sobre explotación de los recursos- Todos conocemos ciertas especies que están en peligro de extinción o en zona de alto riesgo. Hacer una compra responsable teniendo en cuenta éstos datos ayuda a la renovación de los recursos. Racionalicemos el consumo de estos productos y de paso ahorremos con este gesto, ya que en muchas ocasiones si se trata de especies más difíciles de encontrar y/o capturar, también supondrá un precio más elevado en nuestra cesta de la compra.  
  5. Consume ecológico siempre que puedas- Los productos ecológicos tienen grandes diferencias con los habituales. La producción se realiza de forma sostenible, no se utilizan productos químicos y, en el caso del trato animal, siempre es mucho más saludable para ellos, lo que se traduce en más salud para nosotros. Evita siempre que puedas los productos transgénicos, violentos con el medio ambiente y cuyas consecuencias reales sobre la salud aún están en el punto de mira. Aquí no ahorraremos, en un principio, dado que la comida ecológica no es más barata, sino más cara, pero es una inversión en salud, y un ahorro posterior en medicinas,  ya que se encuentran libres de aditivos y racionalizamos los recursos para generaciones futuras.  
  6. El exterior también cuenta- Cada día podemos ver en los supermercados productos con un exceso de plástico u otros materiales, innecesario en muchas ocasiones para mantener la calidad del mismo. Siempre que sea posible, opta por no comprar productos con “exceso de envasado”. Si te ofrecen meter “una bolsa dentro de otra bolsa”, evítalo también siempre que puedas. Te darás cuenta de que en muchas ocasiones es innecesario, y además ahorrarás, ya que el embalaje siempre se acaba pagando en el precio final del producto.  
  7. No sólo alimentación- El etiquetado energético obliga a los fabricantes y minoristas a proporcionar a los consumidores información sobre el consumo de energía en el etiquetado de los electrodomésticos, como lavadoras o refrigeradoras, por lo que ya no es una excusa no saber si aquello que estamos comprando ahorra energía o supone un gasto innecesario de ella. Si te decides por estos productos fabricados para mejorar la eficiencia energética, notarás un ahorro significativo en tus facturas de la luz.  

En resumen, podemos ahorrar tanto en gasto innecesario energético como en dinero si seguimos estas sencillas pautas a la hora de hacer la compra. Ayudaremos a una mayor sostenibilidad con un consumo más inteligente, y de paso conseguiremos ahorrar.